Prohibido entrar sin pantalones

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Prohibido entrar sin pantalones, la recién publicada novela de Juan Bonilla es ante todo una historia de amor y Vladímir Maiakovski es ante todo y muy en contra de su vocación de futurista: un poeta provenzal del siglo XII. Esta es una novela poblada de imágenes y sonidos intensos, furiosos y llenos de vida que van configurando para el lector un mapa vivo de la vasta obra del poeta y de todos los momentos creativos a lo largo de su vida de escritor y agitador de profesión. A lo largo de la trama que entreteje el narrador para nosotros, sus poemas van abriéndose paso en las formas de la prosa, salen de las páginas como escupitajos y puñetazos que estremecen la sensibilidad del lector. En algunas ocasiones al abrir el libro y retomar la lectura de la novela (escrita en capítulos cortos) se tiene la sensación de asistir al espectáculo irresistible de una mujer que entreabre sus piernas para insinuarnos lo vibrante de su belleza.

Como toda buena historia de amor en su desenlace se van configurando las formas de la tragedia, que en este caso tiene nombre de mujer: Lily Brik, la musa y condena del poeta Maiakovski, quizá una de las causas de su prematuro suicidio. Al someterse a los encantos irresistibles de esta mujer de vida libre, este accede a participar de una relación marital a tres bandas con el académico ruso Osip Brik (marido de Lily) que como buen provenzal y al igual que Maiakovski considera al adulterio una postura lícita cuando es alimentado por el amor y el deseo puros. Este hecho fortuito en la vida del poeta le permite escribir algunos de sus mejores poemas, entre estos La flauta de vertebras, “Tú me has robado el corazón/ me has despojado de todo/ atormentas mi alma y me haces delirar/ acepta mi regalo humillado/ soy yo mismo/ Pintad de fiesta el día de hoy/ con clavos de palabras/ me crucifico en este papel”. Ya por la página 71 acierta Burliuk (su primer lector y editor) cuando lleno de celos porque su amigo el poeta lo estaba dejando para irse a vivir con los Brik, le reclama diciendo sobre su poema: “Eso es amor cortés a lo bestia”.

Y es que la historia de amor de Lily y Vladímir está cargada de señales que delatan en muchas de sus páginas su naturaleza cortés, con solo leer su Flauta de vertebras  nos damos cuenta del total sometimiento del poeta a la voluntad y designio de su señora y ama. Ya en el primer poema que le escribe, le dice con violenta pasión: “… y si paseas por un puente y te asomas a las aguas y dices, qué bien tiene que estarse ahí abajo, seré yo quien fluya debajo de ti, yo soy el Sena que corre y te llama mostrándote mis dientes podridos, porque éste es el último amor del mundo, y en la selva brumosa del mundo, donde el viento del norte hiela las aguas, grabaré en mi cadena de perro el nombre de Lily, y besar constantemente la cadena es mi destino.” Es después de escribirle este poema a una Lily aún con reticencias a consumar una aventura con él, cuando Vladímir pasa de su etapa de suplicante a la de aceptado. Después esas imágenes de amor carnal y violento no se hacen esperar y fluyen al compás de la narración.

Prohibido entrar sin pantalones como toda buena novela es muchas cosas más, sin embargo este pequeño texto resalta al amor porque es la pasión que palpita en el corazón de Maiakovski, quizá como un motor que inyecta aceite a sus venas, el amor inyectó vida a sus textos y a su obra de futurista ruso. Es lo que logro ver en su corazón cuando se transparenta ante mis ojos al mirar las hojas de papel que me cuentan su apasionada historia.

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Desigualdad: ¿Fracaso del neoliberalismo?

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En el mes de abril pasado, Medellín fue sede del VII Foro Urbano Mundial, la principal conferencia en donde se discuten los retos que las ciudades y centros urbanos afrontan con la modernidad. Entre los conferencistas invitados, era la charla del economista Joseph Stiglitz, premio Nobel del año 2001 la más esperada, su tema, la inequidad. Resulta curioso e incluso paradójico, que días previos se conoció la posición y resultado de Colombia en el coeficiente Gini (nombrado por el economista italiano que lo propuso), el cual es una medida de dispersión estadística que representa la distribución de los ingresos y de manera indirecta los niveles de desigualdad de las naciones. Al igual que en años previos, Colombia presentó una posición desfavorable, el tercer más desigual, siendo superado en esta ocasión, entre 129 países, únicamente por Haití y Angola.

La desigualdad puede referirse tanto a la desigualdad de los ingresos en los diferentes estratos sociales, así como a la distribución de la riqueza, sin embargo, todo se reduce a la desigualdad social. Es importante este aspecto macroeconómico ya que no solamente se restringe al aspecto monetario, sino que afecta cada pequeño aspecto de la vida social del individuo. Acorde a Richard Wilkinson, economista y epidemiólogo social de la Universidad de Nottingham y del University College de Londres, en su libro “El impacto de la inequidad: Como hacer las sociedades más sanas” plantea que la desigualdad genera un impacto significativo en los once problemas sociales y de salud pública principales, entre los que se incluyen el grado de criminalidad, embarazo adolescente, drogas, educación e incluso la obesidad. Así mismo, Stiglitz, en su libro “El precio de la desigualdad” postula que las consecuencias son devastadoras, entre las que se incluyen La Gran Recesión del 2008. En este explica que ante los niveles elevados de desigualdad, es decir, la concentración de riqueza en los estratos más altos, se disminuye la capacidad adquisitiva del ciudadano promedio, por ende la demanda agregada total y como consecuencia hay aumento del desempleo. La manera de remediar esto nos lleva al eterno debate económico iniciado por Hayek y Keynes: Intervención o no intervención estatal. Según Stiglitz, como respetable neokeynesiano, lo ideal es incentivar el gasto público, sin embargo, previo a la recesión, se optó por el aspecto privado, La Reserva Federal disminuyó los tipos de interés a los bancos así como el préstamo de dinero a estos con el fin de que este dinero fuera direccionado a las familias a manera de crédito. Esto no ayudó, simplemente generó la burbuja inmobiliaria responsable de la crisis y contribuyó a un crecimiento basado en la deuda, que a su vez generó mayor desigualdad. Para Stiglitz es todo un círculo vicioso.

¿A qué se debe la concentración de riqueza en los niveles más altos de la sociedad? La tendencia económica actual y predominante de los últimos años, correspondiente a la liberalización de los mercados y mínima regulación, establece que la desigualdad es una consecuencia natural del crecimiento económico, la cual con el tiempo, acorde a Kuznets, se igualará siempre y cuando este crecimiento continúe. La desigualdad en esta corriente, se debe a las nuevas tecnologías que desplazan puestos de trabajo menor cualificados (¿destrucción creativa?) y a la globalización.
En palabras de Navarro, economista y catedrático de políticas públicas en la Johns Hopkins University, la previa explicación se queda corta en su búsqueda de las causas de la desigualdad, al considerar que el desplazamiento de puestos de trabajo menor cualificados es algo que ha existido desde el inicio del trabajo asalariado, ha sido una constante en el diseño de este y actualmente afecta a los trabajos de alta cualificación. De hecho, este economista plantea que no existe evidencia de que las nuevas tecnologías desplazan más a los trabajos de menor cualificación con respecto a los de mayor cualificación. Stiglitz y Navarro dan una respuesta simple al crecimiento de las desigualdades: Política.

Como sacado de una teoría conspirativa, probablemente tomada así si no la postularan economistas respetados mundialmente, nos dicen que la desigualdad y la crisis económica se debe a decisiones deliberadas por unos cuantos que ostentan el poder económico y que con su influencia minan la democracia colocándola en crisis. Thomas Piketty, economista francés profesor de la escuela económica de París, en su libro “El capital en el siglo XXI”, afirma que el período inmediatamente posterior a la revolución conservadora liderada por Thatcher y Reagan e influida principalmente por el economista Milton Friedman y que se extiende hasta la época actual, presenta el mayor grado de desigualdad observado hasta el momento, únicamente comparado con el período de final del siglo XIX. Para hacer estas afirmaciones, Pikkety ha estudió tanto las rentas como el patrimonio en el periodo de tiempo más conocido hasta ahora. Sus datos analizan el periodo desde la independencia de Estados Unidos hasta la actualidad y desde la Revolución Francesa hasta ahora para Francia, así como a para Japón, Canadá, Alemania y otros países en intervalos de tiempo igual de comparables. No es sorpresa que Stiglitz afirme que los niveles de desigualdad han aumentado estratosféricamente en un período de 20 años. El inicio de ambos períodos concuerdan con la política de rebajas fiscales liderada por las dos figuras mencionadas.

Piketty afirma, mediante un análisis estadístico exhaustivo, que la afirmación de Kuznets es falsa, así como otros axiomas económicos neoclásicos, entre los que se incluyen la premonición de Marx con respecto a la caída del capitalismo, basada en la teoría de los rendimientos decrecientes de David Ricardo, o la noción básica de que la renta se iguala con el tiempo al crecimiento. De hecho, Piketty encuentra en su análisis que el aumento de la renta sobrepasa con creces al crecimiento y que esto genera desigualdad marcada, la cual ha sido una constante que solo encuentra su excepción en el período comprendido entre 1950 y 1970, inmediatamente posterior a la segunda guerra mundial en donde se implementaron medidas tributarias progresivas con un reforzamiento en la seguridad social como continuación de las políticas iniciadas por Roosevelt durante el primer y segundo New Deal.

Al aumentar las rentas en proporción mayor que el crecimiento, se mitiga el efecto distributivo de este último concentrando los patrimonios mucho más rápido y antes de que exista tal distribución. ¿Qué se puede hacer para cambiar esto? Tanto Stiglitz como Piketty proponen tributación progresiva, aumentando la carga impositiva sobre el capital a aquellos que se encuentran en el 10 y 1% superior, así como impuestos sobre el patrimonio heredado que amortigüe la acumulación de capital patrimonial. Recordemos que exactamente lo opuesto se hizo durante el período de Clinton y Bush.

Ante todo esto, los países poco a poco van generando conciencia con respecto a la importancia de la desigualdad en el crecimiento de las naciones, principalmente de la sociedad y reconocen que el crecimiento económico a expensas de graves problemas sociales y sobre todo del impacto ambiental no es justificable. De hecho, actualmente se consideran otros parámetros aparte del Producto Interno Bruto como medida de la salud económica de una nación, y se cree más beneficioso el crecimiento sostenido y no solamente el crecimiento. Tal como expresó Dominique Strauss-Kahn cuando era director del Fondo Monetario Internacional: “Los períodos de crecimiento más prolongados están sólidamente asociados con una mayor igualdad en el reparto de los ingresos […] Una menor desigualdad y un crecimiento sostenido pueden ser las dos caras de una misma moneda”.

En Chile, uno de los países con mayor desigualdad de Latinoamérica, cuyo crecimiento económico ha sido vanagloriado como ejemplo de las políticas neoliberales implementadas por Friedman y sus “Chicago Boys”, se ha reconocido que la desigualdad juega un papel importante en el desarrollo y crecimiento de un país, tanto así que la actual reforma tributaria de este país, en trámite actualmente, está fuertemente influenciada por los trabajos de Piketty. En Colombia, con la reforma tributaria del 2012, se creó el impuesto a la equidad “CREE” el cual busca (al menos en papel) reducir los niveles de desigualdad al disminuir ocho puntos porcentuales a los declarantes de renta y añadiendo nueve puntos como el impuesto ya mencionado, el cual estará destinado a causas sociales como el ICBF, Sena, seguridad social, instituciones de educación pública e inversión agropecuaria entre otros. Si este impuesto cumplirá su cometido, es algo que tocará esperar a ver, sobre todo si se tiene en cuenta que para su implementación se eliminaron varios parafiscales, sin embargo, es importante mencionar que dichatributación busca gravar las rentas susceptibles de generar utilidades y no a las nóminas, por lo que se incluyen empresas dependientes en gran manera de la industria como la minería así como las empresas financieras mientras que al mismo tiempo se exoneran las empresas cuya nómina se compone en mayor parte de empleados que ganan menos de 10 SMLV con lo que se busca crear emprendimiento y por ende empleo.

Surgen controversias con respecto a este tema: Es importante definir a futuro si una menor desigualdad nos llevará a un mejor nivel de vida, para lo cual debemos de definir cuál de los dos males es menor, ¿desigualdad o inflación? Ambos disminuyen el poder adquisitivo y por ende la demanda agregada. Ante esto las preguntas a formular serían: ¿Es mejor que se ahoguen todos o solo la mayoría? ¿Qué tan conveniente es la intervención estatal o hasta qué grado es deseable? Es decir, ¿el costo de disminuir los niveles de desigualdad mediante reformas distributivas vale la pena ante una potencial pérdida de libertad individual? ¿Corresponde el sistema actual a un sistema extractivo?¿El capitalismo ha fracasado? ¿Qué tanto nivel de desigualdad es deseable? ¿Qué tan fidedigno es el coeficiente Gini? ¿La postura de Wilkinson entra en calificación de historicista? Y más importante aún, ante la concientización de la clase media y el desarrollo de movimientos como el de Los Indignados en España y Occupy Wall Street en Estados Unidos con la consigna, tomada tanto de Stiglitz como de Piketty, “Somos el 99%” ¿revive la lucha de clases descrita por Marx? Todos estos son interrogantes a tener en cuenta antes de formarse una opinión al respecto.

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Jorge Luis Borges y la vanguardia

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El 2 de diciembre de 1938 el escritor argentino Jorge Luis Borges escribió un artículo titulado: Un caudaloso manifiesto de Breton. Este artículo fue publicado en la revista El hogar (su equivalente contemporáneo: la revista Caras) y era una crítica fuerte y directa a las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX y en particular a la vanguardia surrealista comandada por el artista André Breton, la causa del manuscrito de Borges era sin lugar a dudas la publicación del Manifiesto por un arte revolucionario independiente. Este manifiesto había sido publicado el 25 de Julio de 1938 por André Breton, el muralista mexicano Diego Rivera y el político y pensador ruso Leon Trotsky en el marco de la primera y última visita de Breton a México, la cual ocurrió entre el 18 de Abril y el 1 de Agosto de ese año.

El telón de fondo de estos acontecimientos eran las purgas que venía realizando el partido comunista ruso en cabeza de Stalin. El manifiesto condenaba el totalitarismo del régimen comunista y la subordinación que varios intelectuales y artistas profesaban al indiscutible líder político de la revolución. En ese año convulso, los artistas reunidos en México proponían la creación de un movimiento internacional (Federación Internacional del Arte Revolucionario Independiente), el cual participaría consciente y activamente en la preparación de la revolución. Meses después de estos acontecimientos, en Buenos Aires frente a su máquina de escribir Borges finalizaba su artículo de opinión escribiendo: ¡Pobre arte independiente el que premeditan, subordinados a pedanterías de comité y a cinco mayúsculas!, entenderán ustedes que estas cinco mayúsculas deletreaban irónicamente el nombre del movimiento: F.I.A.R.I.

Ahora bien, en el fondo de esta controversia, aparentemente trivial se esconde un dilema fundamental de la condición humana y de la sociedad moderna en que vivimos y que inevitablemente habrá rondado en la cabeza de ustedes mis lectores en algún momento de la efímera existencia que nos une. El dilema, expuesto como una cuestión académica y en forma de pregunta es el siguiente: ¿Debe ser el arte un instrumento político y económico o un fin en sí mismo? Expuesto de manera profana y a manera de pregunta: ¿Debe ser la vida de cada individuo un instrumento político y económico o un fin en sí mismo? La respuesta a esta pregunta es difícil si la ponemos en el contexto colectivista de nuestra época, ya que no es ningún secreto que para poder sobrevivir en el mundo de hoy, debemos participar de la economía y de la política de unos entes abstractos llamados países y de otro ente más abstracto aún llamado mundo globalizado; esto ocurre de manera obligatoria. Sin embargo, si la ponemos en el contexto de la mente de cada individuo, un ente concreto (en estos momentos escuchan su propia voz leyendo este manuscrito), la respuesta es más sencilla: la vida y el arte no son unos instrumentos, son un fin en sí mismos.

Desde que leí el artículo de Borges, no he dejado de imaginar al joven escritor de 39 años que en esa época fue y que en su casa de Buenos Aires, en su escritorio y frente a su máquina de escribir redactaba un manuscrito serio y desbordante de inteligencia para una revista frívola que estaba fuera del mapa de la intelectualidad de la época. Como si lo escribiera para sí mismo, impulsado quizá por la necesidad moral de expresar sus ideas, o mejor: por el solo placer de expresarlas.

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POR QUE FRACASAN LOS PAÍSES: POR QUÉ FRACASA COLOMBIA.

Aunque las instituciones económicas sean críticas para establecer si un país es pobre o próspero, son la política y las instituciones políticas las que determinan las instituciones económicas que tiene un país”.

 

Con esta frase que pertenece a un extracto del libro Por Qué Fracasan Los Países, los autores Daron Acemoglu, profesor de economía del MIT y James A. Robinson, politólogo, economista y profesor de la universidad de Harvard, Yale y los Andes (Colombia), sintetizan en el primer capítulo una de las ideas centrales de su ensayo. En esta obra publicada en el año 2012 se proponen dar respuesta a la ambiciosa pregunta que conforma el título. La respuesta, aparentemente, está enmarcada dentro de la llamada corriente institucional de la economía, la cual propone como tesis central que el curso y el progreso de una nación dependen exclusivamente de las instituciones que la conforman. Sin embargo, Acemoglu y Robinson van más allá. Mediante un enfoque sociológico e histórico en el marco de la economía comparativa glosan estas instituciones en dos clases básicas: Extractivas e inclusivas.

A partir de esta premisa se desarrollan las ideas derivadas consecuentemente, en donde a través de ejemplos históricos y de una manera rica y elocuente nos presentan las sustentaciones en las que se apoyan. Las instituciones inclusivas, como su nombre puede indicar, son aquellas que permiten una participación pluralista de la sociedad generando incentivos para la innovación e inversión por parte de la mayoría de ciudadanos. Mientras que las instituciones extractivas son aquellas que benefician a un grupo reducido de personas, una élite o élites, a expensas de la gran mayoría restante. De ahí nos llevan a la intricada y tajante relación entre políticas e instituciones, ya que al final son las políticas y directrices las que crean y moldean dichas instituciones, refutando de manera consistente las demás hipótesis planteadas hasta el momento de por qué fracasan los países para llegar a esta afirmación.

¿Por qué teniendo la respuesta y al parecer siendo tan obvia no se adoptan las directrices necesarias para generar prosperidad? Porque a diferencia de lo que plantea la noción comúnmente aceptada de que la políticas incorrectas la adoptan sus dirigentes por falta de información, Acemoglu y Robinson afirman que dichas políticas se toman intencionalmente en busca de un beneficio para un grupo reducido, siendo esta una tradición social reafirmada en un círculo vicioso de políticas extractivas que llevan a instituciones del mismo tipo y que data desde tiempos coloniales. Tal como expresan en el primer capítulo:

Los distintos modelos de las instituciones actuales están profundamente arraigados en el pasado, porque, una vez que una sociedad se organiza de una forma concreta, ésta tiende a persistir”.

En el caso de Colombia, descrito en el capítulo 13, estos factores no faltan en la explicación de porqué este país ha fracasado como nación, sin embargo, la respuesta no es tan clara, sumándose a esta otras variables de igual importancia o quizás  mayor.

James Robinson ha sido denominado de manera jocosa el “colombianólogo” de Harvard, dado su especial interés en el estudio de la economía y dinámica social de este país con múltiples publicaciones al respecto, siendo a su vez catedrático de la universidad de los andes. Sin embargo, su interés no es único ya que se encuentra sumado al de naciones como Haití y África Subsahariana. En el libro, expone que además de los factores mencionados anteriormente, existe un factor mucho más importante y decisivo del cual derivan los problemas principales de la nación a los cuales se les ha atribuido durante mucho tiempo la responsabilidad del sub-desarrollo que caracteriza a esta nación. Problemas como el narcotráfico, insurgencia armada y paramilitarismo.

La principal razón por la cual fracasa Colombia es la falta de centralización del estado e intervención en zonas rurales. Esta idea, es expuesta con mayor claridad en el ensayo titulado “Colombia: ¿Otros cien años de soledad?” del mismo autor.

La manera en la que Colombia es gobernada obedece a un tipo de gobierno, según Robinson, denominado como “gobierno indirecto”, el cual es bastante común en los imperios coloniales Europeos. En esta forma de gobierno, las élites políticas nacionales urbanas, delegan el funcionamiento de las áreas rurales a élites locales, generando un estado descentralizado y sembrando la semilla para el caos, ilegalidad y posterior desarrollo de la criminalidad organizada. Sin embargo, ¿cuál es el beneficio para los grupos que ostentan el poder? ¿Cuál es el motivo de mantener este tipo de gobierno? Robinson nos explica que, manteniendo el caos en la periferia el precio de los votos disminuye y los partidos políticos se eligen haciendo concesiones y pactos con las élites locales sin tener que ofrecer mejores políticas públicas o desarrollando programas óptimos.

Esta ausencia significativa del estado en las zonas rurales y su consecuente desequilibrio social fomenta el desarrollo de “repúblicas independientes” comandadas por caudillos o criminales de turno quienes a su vez hacen de estado y ley. Es así como vemos el caso de Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40) quien en las planicies de San Ángel, a orillas del río Magdalena comandaba 20 frentes armados con presencia en tres distintos departamentos o el de Luis Eduardo Zuluaga (alias MacGyver) quien como comandante del frente FJLZ, con presencia en el departamento de Antioquia, construyó cientos de kilómetros en camino y provisionó de energía eléctrica a muchas zonas rurales.

Ante todo esto, llama la atención la omisión que al respecto realiza el autor con respecto al otro lado del conflicto armado. Especialmente si analizamos el surgimiento de las guerrillas comunistas y como este fenómeno encaja en la explicación primordial de por qué fracasa Colombia: La falta de centralización del estado y su poco alcance en zonas rurales.

En la época posterior al período de enfrentación bipartidista de la década del 50 conocido como “La Violencia” aparecieron, tal como las describió Álvaro Gómez Hurtado en su momento, verdaderas “repúblicas independientes” de campesinos comunistas y liberales. Entre todas ellas, la llamada República de Marquetalia, situada en el corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, Tolima, fue la más importante. Esta zona rebelde se encontraba comandada por Pedro Antonio Marín, conocido como Manuel Marulanda Vélez (alias Tirofijo) y por Luis Alberto Morales (alias Jacobo Arenas) quienes luego del sitio de esta zona por el estado de colombiano a través de la incursión armada con 5.000 hombres del ejército nacional en el año 1964, pasarían a fundar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la insurgencia armada más antigua de América Latina. En este caso, la propuesta de Robinson aplica.

Colombia en resúmen, representa una historia compleja, muy diferente a la de sus vecinos latinoamericanos y a pesar de que mucho se ha escrito al respecto y mucho se ha teorizado, la propuesta de Robinson representa una explicación plausible y satisfactoria hasta el momento de el por qué ha fracasado. Sin embargo, es importante no desarrollar una visión reduccionista al respecto debido a que puede impedir identificar otros elementos claves igual de necesarios e importantes.

Por qué fracasan los países es una lectura fascinante y personalmente recomendada, sin embargo, considero faltó mencionar o que incluso puede llegar a ser material futuro por parte de los autores, las relaciones extractivas actuales entre países, particularmente los mal llamados tratados de libre comercio. Esperemos que prontamente estos autores exploren este tema. 

Las venas abiertas de la República de Colombia

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Este artículo no pretende ser un análisis exhaustivo y especializado sobre la política tributaria y el tamaño del Estado Colombiano en el siglo XX y parte del XXI. Pretende en cambio, plantear interrogantes de índole moral sobre dos hechos que han sido descritos minuciosamente en el capítulo 6 del libro: Economía Colombiana del siglo XX: un análisis cuantitativo, publicado por los economistas James A. Robinson y Miguel Urrutia en el 2007; el primero es que la carga tributaria de nuestro país, es decir el porcentaje del PIB que proviene de impuestos, ha pasado de representar un 4% en 1905 a un 14% en el 2003 y la segunda que el gasto público, es decir el dinero que se gasta para construir carreteras, hospitales, garantizar la salud y la educación, pagar sueldos de empleados estatales etc., ha pasado del 5% a más del 20% en el 2003. Cabe anotar que los impuestos no son la única manera que tiene el Estado para obtener sus ingresos, pero representan la contribución que el ciudadano hace a este para ayudarlo a cumplir con sus obligaciones constitucionales; existen otras formas de financiación que no son objeto de este análisis. Lo anterior quiere decir que la cantidad de dinero que se ha recaudado de nosotros los contribuyentes y las empresas por parte del Estado Colombiano ha aumentado. Surgen entonces las siguientes preguntas: si el estado Colombiano tiene más dinero ahora que antes y la tendencia de la carga tributaria va en aumento, ¿Por qué tenemos carreteras de mala calidad, salud de mala calidad, educación de mala calidad, sueldos miserables y una calidad de vida por debajo de los estándares moralmente aceptables?

Para responder estas preguntas debemos analizar la situación a partir de hechos concretos y verificables. Además debemos confrontar los hechos que la prensa de investigación seria de nuestro país muestra y que pasan desapercibidos para el ciudadano común (el que paga los impuestos), con hechos ocurridos en otros países en momentos históricos distintos al nuestro. Para el caso particular de este pequeño artículo me interesa hablar sobre dos artículos de opinión publicados por el periodista Daniel Coronell en la revista Semana, uno titulado Debajo de la basura y el otro El amigo secreto. En el primero se muestra como el señor William Vélez pertenece a una élite extractiva de contratistas (de la cual es solo uno de sus muchos representantes), ha amasado una exorbitante fortuna con la realización de contratos de construcción de obras públicas con el estado Colombiano durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez. La segunda sobre como Tomás Uribe, el hijo del mencionado expresidente, intermedió para que se diera una reunión entre Miguel y Guido Nule (hoy en la cárcel por robar dinero público) con el representante de la multinacional Odebrech, André Rabello, un delegado del gobierno panameño, Juan Eslava y Leonardo Carreño, socio de los hijos del expresidente. Es con base en esta clase de hechos que suceden en nuestro país que podemos dar respuesta a las preguntas planteadas arriba: el dinero que tributamos no sirve para que el estado Colombiano cumpla sus obligaciones constitucionales, en cambio sirve para que particulares y funcionarios del gobierno construyan grandes fortunas con el erario público.

Lo que he comentado me recuerda y evoca el repudio que la filósofa y escritora Ayn Rand sentía hacia el estado y la moral que este muchas veces representó durante la construcción de los primeros ferrocarriles en Estados Unidos, en Colombia carreteras. Tengo la sensación de que al escribir sus Notas sobre la empresa libre Estadounidense, en la cual critica duramente el hecho de que las vías de ferrocarril construidas por el Estado y sus contratistas solo habían sido una excusa para robar dinero público y no para contribuir al desarrollo del país en el siglo XIX, no solo muestra un hecho que ocurrió en el Estados Unidos de esa época, sino también en cualquier país que comienza un proceso de crecimiento de su maquinaria estatal y de su capacidad de recaudar impuestos. Es posible que el papel heroico que esta escritora le da a la iniciativa privada comprometida y a la libre empresa con el progreso de los países en ese ensayo, no se aplique del todo a Colombia, aquí el sector privado en cierta proporción se asocia con los políticos para robarle al estado y los contribuyentes; las investigaciones de Daniel Coronell lo evidencian. Tal vez como decía Karl Popper en sus Conjeturas y refutaciones, el Estado aunque es un mal menor, debe existir para garantizar los derechos y libertades de los individuos e impedir que el fuerte haga daño al débil. Para garantizar los derechos y libertades de los individuos debe existir la propiedad privada y una oferta mixta de servicios, es decir pública y privada, que garantice la educación, la salud, infraestructura vial, entre otros. Posiblemente el crecimiento del estado en Colombia no sea el problema, es posible que el problema real sea la falta de moral de los políticos y algunos empresarios y la falta de control por parte de los ciudadanos en las urnas. Sin embargo entre todas estas incertidumbres hay algo claro y verificable, el dinero que se roban los políticos y los contratistas del estado, son las venas abiertas de la República de Colombia.

LA CRISIS IDEOLÓGICA EN LA POLÍTICA COLOMBIANA

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El pasado 9 de marzo se dieron las elecciones parlamentarias en Colombia siendo una vez más testigos de como la política y democracia colombianas van muriendo lentamente de una enfermedad que la agobia crónicamente.
Los resultados evidenciados revelan el nivel de degradación al que ha llegado el ejercicio político en este país. Es así como vemos que entre los “ganadores” existen 26 congresistas con investigaciones abiertas por vínculos paramilitares, lo que correspondería a un 25% de la totalidad del senado. Si tenemos en cuenta que en los tiempos en que estalla el escándalo de la “parapolítica” se estimaba que estos vínculos se presentaban en un 39% de los parlamentarios, vemos como el panorama no ha cambiado mucho.

El problema es grave, ya que su consecuencia directa es que la población hoy en día mira no solo a la clase sino a la actividad política con recelo y desconfianza, lo cual se traduce en el absentismo observado el pasado 9 de marzo. Los ciudadanos sienten de manera generalizada que no existe representación para ellos en el juego político, ante lo cual no sorprende que estén dispuestos a vender su voto a cambio de retribución monetaria.
Pero, ¿cuál es la enfermedad que aqueja al sistema político y al ciudadano como tal? Es de común creencia que el mal principal es la corrupción, sin embargo esta respuesta es muy simplista, ya que esta es una consecuencia y no el problema principal.

El problema principal, la enfermedad que carcome al ejercicio político es la falta de identidad ideológica con los preceptos propios de cada partido. La política colombiana no es hoy en día esa actividad noble, destacada por la oratoria, el debate y la confrontación de ideas. No es ese ambiente en donde la mente humana a través de la palabra construye y moldea la sociedad. La política colombiana es hoy en día todo menos democrática. No es más que un chiste. Por un lado tenemos al partido conservador dividido entre apoyar un candidato conservador propio y un candidato presidente el cual no transmite ninguna identidad política y por el otro a los llamados liberales escogiendo un procurador de estirpe conservadora y de ultraderecha hasta el tuétano. Esto es solo por citar un ejemplo.

La política colombiana está carente de sentido filosófico pero sobre todo de contenido moral. Hoy en día el ejercicio político colombiano no es más que un conjunto de individuos que juegan con la reglas y recursos nacionales para beneficio propio. Pero, ¿cuál es la manera de remediar esto?
El ciudadano, como pieza fundamental e individual de la sociedad, debe ser el centro y objetivo de cualquier reforma. La única manera de hacerlo es mediante la educación. Una educación que le enseñe a identificar sus ideas, por muy pre-fabricadas o rudimentarias que sean, con un orientación política. Una educación que le enseñe vías de rendición de cuentas, y de exigencias para con el personaje electo. Pero sobre todo una educación que devuelva la moral a la política, y que devuelva al ciudadano el respeto por el ejercicio político y que a su vez prevenga el compromiso de su voz democrática ante el mejor postor, que su compromiso sea únicamente con los valores democráticos y políticos con los que se identifique. Solo de esta manera se curará la política colombiana.

¿Es utópica esta declaración? Es posible. Sin embargo, es prudente afirmar que el ciudadano no ha perdido en el fondo ese deseo de identidad, ese deseo de representación y cambio. La mejor manera de observarlo es ver el fenómeno que representan ciertos personajes que se basan en la forma y no en el contenido del discurso, posando como caudillos redentores que despiertan pasiones y polarización en la población. Paradójicamente, son los peores candidatos los que identifican esta necesidad.

El Puño Invisible

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Era un lugar común en la vanguardia surrealista francesa condenar todos los vicios de Occidente, su filosofía utilitarista y el mercado. Su líder, André Breton fue un incansable e incorruptible defensor de la liberación del hombre; criticó visceralmente la alienación en la que lo sumergía el capitalismo y la dinámica del trabajo, que según él destruía todo su potencial creativo y artístico nato y lo alejaba de su conexión con la niñez, el mundo pulsional de los sueños y los deseos. Como Breton un sin número de jóvenes artistas, escritores y políticos de finales del siglo IX y todo el siglo XX intentaron cambiar al hombre, y materializar las más disimiles y variopintas utopías; nombres como el de Marcel Duchamp y Tristan Tzara están unidos al de Breton, el surrealismo y el dadaísmo.

En la época en la que todos estos hombres y sus ideas vivieron, los mecanismos de agitación y difusores de ideas predilectos eran el panfleto, el manifiesto y la revista, todos ellos publicados en papel. Imagino todo el proceso de meditación, concepción, escritura, edición, impresión y publicación al cual eran sometidas sus ideas para darles forma y materia. Los imagino distribuyendo todo ese material en las calles y luego esperando el efecto que este podía tener en las personas. Lo cierto, es que después de toda esa alharaca de manifiestos, quedaron muy pocas obras logradas, solo algunas ideas y modas lograron sobrevivir el paso de los años.

En su más reciente libro, titulado El puño invisible: arte, revolución y un siglo de cambios culturales, el escritor Colombiano Carlos Granés señala que los políticos y sus ideas redentoras se vinieron a pique con la caída del régimen comunista soviético, en cambio los artistas asestaron un gran golpe al lograr que muchas de sus ideas y estilos de vida, que en esa época eran transgresores, aún sigan vigentes y frescos. Solo basta echarle un vistazo a algunas tribus urbanas, movimientos o artistas contemporáneos para comprobarlo.

Sin embargo, no lograron materializar esa revolución para el hombre y su modo de vida de la forma que ellos deseaban. El capitalismo absorbió muchas de sus ideas y estereotipos incorporándolos a la publicidad y el mercado. Es interesante ver como en algunos anuncios de Apple aparecen un iPad y unas gafas de pasta rosadas, o que por ejemplo: muchos de los que usan estas gafas y otra clase de indumentaria sofisticada, además tienen un iPhone en su bolsillo, un iPod colgando del cuello y publican un Tweet inteligentemente sarcástico desde su iPad criticando al gobierno de su país, mientras escuchan una sonata de Bach.

En últimas, fueron otros individuos quienes realmente cambiaron al hombre y la forma en que este vive en el siglo que cursa. Algunos vinieron de la academia, otros pertenecieron a movimientos como el Hipismo o simplemente jóvenes universitarios con mucho tiempo libre para pensar. Hablo en particular de personajes como Tim Berners-lee, Steve Jobs o Mark Zuckerberg; el primero creó el lenguaje HTML, el segundo visionó el computador personal y el tercero inventó la red social más grande del mundo en la actualidad. Lo curioso, es que este pequeño manuscrito que acaban de leer fue escrito en una MacBook de Apple, publicado en la Web en formato HTML y compartido con ustedes por Facebook; no fue escrito en papel, la manera en la que quizá Breton, Tzara o Duchamp lo hubieran hecho.

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