El hombre de Ruana y Boína

20140224-182151.jpg

Ambos, Álvaro Uribe Vélez y Hugo Rafael Chávez Frías encarnan el hombre descrito por el escritor escocés Thomas Carlyle como el interpretador de la historia y dictador del destino de las naciones. Solo basta echarle un vistazo a sus carreras políticas como gobernantes para confirmarlo. Sus métodos de gobierno aparentemente en las antípodas tienen un denominador común: el culto de la personalidad y el uso de su carisma como fórmula para hechizar a las masas. Ambos gobernaban por televisión con un estilo micro-gerencial: uno por medio de consejos comunales emitidos por Señal Colombia y el otro por Aló Presidente, programa que emitía Venzolana de Televisión. Uno conectado con el dolor de su pueblo, benefactor de los pobres y desdichados, populista y el otro benefactor de terratenientes, empresarios y multinacionales, demagogo. Ambos se reeligieron e intentaron perpetuarse en el poder, intentaron cambiar las reglas de la democracia y utilizaron el referendo como mecanismo para imponer una agenda que facilitara sus objetivos políticos sin la incomodidad de negociar con el parlamento en ambos países.

Su política era similar en la forma y dinámica: ambos identificaron un enemigo común sobre el cual basaron su discurso y su política interna y externa, en el caso de Uribe Vélez la guerrilla de las FARC y Chávez Frías, EE.UU y la oposición política Venezolana. Álvaro Uribe hablaba de Seguridad Democrática e Inversionista, para lo cual disminuyo los impuestos a las empresas multinacionales, incrementó el porcentaje del PIB invertido en defensa, creó un impuesto de guerra que pagaron las clases medias y desarrolló sistemáticamente una agenda para lograr cooperación militar y afinidad ideológica de otros países en la guerra contra la guerrilla. Por su parte, Hugo Chávez alentó en la población de Venezuela y de Latinoamérica un sentimiento anti EE.UU, dividió su país entre Chavistas y Escuálidos, armó a la población civil, expropió a empresarios de todo tipo, desestimulando la producción nacional de bienes de consumo y servicios e incrementó el monto del PIB invertido en subsidios para los pobres, descuidando a la clase media. Si enumerara todas las medidas tomadas por estos dos gobiernos, el de Uribe y Chávez, este pequeño artículo de opinión se volvería quejumbroso y tedioso de leer; prefiero mencionar las más significativas para mí.

Actualmente, los Colombianos y Venezolanos vivimos las consecuencias de estos dos gobiernos: uno de ocho años y otro de quince. En ambos países las clases medias sirvieron de resorte económico y con sus rentas aceitaron la agenda política de ambos mandatarios. En ambos países los compromisos que adquirieron ambos presidentes y que los llevaron a ganar en elecciones sus cargos, no se cumplieron. Uribe no derrotó militarmente a las FARC y Chávez no erradicó la Pobreza. En Colombia los índices de violencia y desigualdad son altos, la calidad de la educación en todos los niveles y la salud es desastrosa, pero la economía sigue creciendo a más del 4% desde que Uribe terminó el mandato. En Venezuela la inflación está por las nubes, hay desabastecimiento de alimentos y productos de uso cotidiano, corrupción, inseguridad y violencia en las calles. Fuimos dirigidos por el hombre de Ruana y Boína, por ese engendro que tanto admiró en abstracto Thomas Carlyle, pero que gobernó en concreto a Colombia y Venezuela.

Las Democracias Latinoamericanas son defectuosas y no son pocos los intelectuales Estadounidenses y Europeos que las consideran primitivas y fallidas, sin embargo es tarea de nosotros los votantes discernir entre líderes demócratas racionales y eficientes y caudillos irracionales e ineficientes; es nuestra la tarea de construir mejores sociedades en las que la tolerancia por las ideas opuestas a las nuestras (en el sentido que daba a esta palabra Karl Popper), la construcción gradual de las Instituciones y no la destrucción y reconstrucción sobre los escombros (revolución), sea el único garante del Progreso y Convivencia.

POR QUE FRACASAN LOS PAÍSES: POR QUÉ FRACASA COLOMBIA.

Imagen

Aunque las instituciones económicas sean críticas para establecer si un país es pobre o próspero, son la política y las instituciones políticas las que determinan las instituciones económicas que tiene un país”.

Con esta frase que pertenece a un extracto del libro Por Qué Fracasan Los Países, los autores Daron Acemoglu, profesor de economía del MIT y James A. Robinson, politólogo, economista y profesor de la universidad de Harvard, Yale y los Andes (Colombia), sintetizan en el primer capítulo una de las ideas centrales de su ensayo. En esta obra publicada en el año 2012 se proponen dar respuesta a la ambiciosa pregunta que conforma el título. La respuesta, aparentemente, está enmarcada dentro de la llamada corriente institucional de la economía, la cual propone como tesis central que el curso y el progreso de una nación dependen exclusivamente de las instituciones que la conforman. Sin embargo, Acemoglu y Robinson van más allá. Mediante un enfoque sociológico e histórico en el marco de la economía comparativa glosan estas instituciones en dos clases básicas: Extractivas e inclusivas.

A partir de esta premisa se desarrollan las ideas derivadas consecuentemente, en donde a través de ejemplos históricos y de una manera rica y elocuente nos presentan las sustentaciones en las que se apoyan. Las instituciones inclusivas, como su nombre puede indicar, son aquellas que permiten una participación pluralista de la sociedad generando incentivos para la innovación e inversión por parte de la mayoría de ciudadanos. Mientras que las instituciones extractivas son aquellas que benefician a un grupo reducido de personas, una élite o élites, a expensas de la gran mayoría restante. De ahí nos llevan a la intricada y tajante relación entre políticas e instituciones, ya que al final son las políticas y directrices las que crean y moldean dichas instituciones, refutando de manera consistente las demás hipótesis planteadas hasta el momento de por qué fracasan los países para llegar a esta afirmación.

¿Por qué teniendo la respuesta y al parecer siendo tan obvia no se adoptan las directrices necesarias para generar prosperidad? Porque a diferencia de lo que plantea la noción comúnmente aceptada de que la políticas incorrectas la adoptan sus dirigentes por falta de información, Acemoglu y Robinson afirman que dichas políticas se toman intencionalmente en busca de un beneficio para un grupo reducido, siendo esta una tradición social reafirmada en un círculo vicioso de políticas extractivas que llevan a instituciones del mismo tipo y que data desde tiempos coloniales. Tal como expresan en el primer capítulo:

Los distintos modelos de las instituciones actuales están profundamente arraigados en el pasado, porque, una vez que una sociedad se organiza de una forma concreta, ésta tiende a persistir”.

En el caso de Colombia, descrito en el capítulo 13, estos factores no faltan en la explicación de porqué este país ha fracasado como nación, sin embargo, la respuesta no es tan clara, sumándose a esta otras variables de igual importancia o quizás  mayor.

James Robinson ha sido denominado de manera jocosa el “colombianólogo” de Harvard, dado su especial interés en el estudio de la economía y dinámica social de este país con múltiples publicaciones al respecto, siendo a su vez catedrático de la universidad de los andes. Sin embargo, su interés no es único ya que se encuentra sumado al de naciones como Haití y África Subsahariana. En el libro, expone que además de los factores mencionados anteriormente, existe un factor mucho más importante y decisivo del cual derivan los problemas principales de la nación a los cuales se les ha atribuido durante mucho tiempo la responsabilidad del sub-desarrollo que caracteriza a esta nación. Problemas como el narcotráfico, insurgencia armada y paramilitarismo.

La principal razón por la cual fracasa Colombia es la falta de centralización del estado e intervención en zonas rurales. Esta idea, es expuesta con mayor claridad en el ensayo titulado “Colombia: ¿Otros cien años de soledad?” del mismo autor.

La manera en la que Colombia es gobernada obedece a un tipo de gobierno, según Robinson, denominado como “gobierno indirecto”, el cual es bastante común en los imperios coloniales Europeos. En esta forma de gobierno, las élites políticas nacionales urbanas, delegan el funcionamiento de las áreas rurales a élites locales, generando un estado descentralizado y sembrando la semilla para el caos, ilegalidad y posterior desarrollo de la criminalidad organizada. Sin embargo, ¿cuál es el beneficio para los grupos que ostentan el poder? ¿Cuál es el motivo de mantener este tipo de gobierno? Robinson nos explica que, manteniendo el caos en la periferia el precio de los votos disminuye y los partidos políticos se eligen haciendo concesiones y pactos con las élites locales sin tener que ofrecer mejores políticas públicas o desarrollando programas óptimos.

Esta ausencia significativa del estado en las zonas rurales y su consecuente desequilibrio social fomenta el desarrollo de “Repúblicas Independientes” comandadas por caudillos o criminales de turno quienes a su vez hacen de Estado y Ley. Es así como vemos el caso de Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40) quien en las planicies de San Ángel, a orillas del río Magdalena comandaba 20 frentes armados con presencia en tres distintos departamentos o el de Luis Eduardo Zuluaga (alias MacGyver) quien como comandante del frente FJLZ, con presencia en el departamento de Antioquia, construyó cientos de kilómetros en camino y provisionó de energía eléctrica a muchas zonas rurales.

Ante todo esto, llama la atención la omisión que al respecto realiza el autor con respecto al otro lado del conflicto armado. Especialmente si analizamos el surgimiento de las guerrillas comunistas y como este fenómeno encaja en la explicación primordial de por qué fracasa Colombia: La falta de centralización del estado y su poco alcance en zonas rurales.

En la época posterior al período de enfrentación bipartidista de la década del 50 conocido como “La Violencia” aparecieron, tal como las describió Álvaro Gómez Hurtado en su momento, verdaderas “repúblicas independientes” de campesinos comunistas y liberales. Entre todas ellas, la llamada República de Marquetalia, situada en el corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, Tolima, fue la más importante. Esta zona rebelde se encontraba comandada por Pedro Antonio Marín, conocido como Manuel Marulanda Vélez (alias Tirofijo) y por Luis Alberto Morales (alias Jacobo Arenas) quienes luego del sitio de esta zona por el estado de colombiano a través de la incursión armada con 5.000 hombres del ejército nacional en el año 1964, pasarían a fundar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la insurgencia armada más antigua de América Latina. En este caso, la propuesta de Robinson aplica.

Colombia en resúmen, representa una historia compleja, muy diferente a la de sus vecinos latinoamericanos y a pesar de que mucho se ha escrito al respecto y mucho se ha teorizado, la propuesta de Robinson representa una explicación plausible y satisfactoria hasta el momento de el por qué ha fracasado. Sin embargo, es importante no desarrollar una visión reduccionista al respecto debido a que puede impedir identificar otros elementos claves igual de necesarios e importantes.

Por qué fracasan los países es una lectura fascinante y personalmente recomendada, sin embargo, considero faltó mencionar o que incluso puede llegar a ser material futuro por parte de los autores, las relaciones extractivas actuales entre países, particularmente los mal llamados tratados de libre comercio. Esperemos que prontamente estos autores exploren este tema. 

Las Reputaciones

20140223-130542.jpg

La conversación entre el escritor Juan Gabriel Vásquez y Felipe Restrepo Pombo, ambos oriundos de Bogotá e invitados de la versión 2014 del Hay Festival en Cartagena, terminó alrededor de las 6:35 de la noche del Jueves 30 de Enero de este año. El autor de “Las Reputaciones”, una novela de 127 páginas sobre lo que sucede en dos días de la vida de un caricaturista político llamado Javier Mallarino, habló de sus obsesiones como escritor y de su gusto por la tragedia y el fracaso del individuo como tema literario.

Al final del conversatorio, el escritor leyó para nosotros un fragmento de su novela: ese que nos muestra que la soledad es una forma de estar en el mundo, que los eventos del pasado y la manera en que los recordamos van construyendo nuestro presente y determinan lo que la vida nos deparará en lo venidero. Finalizó con una descripción de las circunstancias en las que se suicidó el caricaturista Colombiano Ricardo Rendón, el cual fue celebre por sus duras críticas al ejercicio del poder en en la primera mitad del siglo XX. Este suceso histórico lo intriga desde sus años de universidad y fue motivo de la escritura de esta novela.

Hay algo en “Las Reputaciones” que la convierte en una luz tenue que ilumina apenas, un aspecto volátil de la vida, algo que la hace monstruosa y difícil: nos muestra que poco podemos hacer para controlar lo que nos pasa. Que no somos capaces siquiera de identificar esos instantes de la vida que van moldeando lo que somos y que nos ponen en situaciones en las que tenemos que tomar decisiones trascendentales; no podemos encerrarlos en un círculo como hacía Mallarino con los temas sobre los que iba a dibujar sus caricaturas de opinión.

Aún sigo pensando en Beatriz, la hija médico de Mallarino. En su sufrimiento, en su instante: explotaba burbujitas de plástico entre su índice y su pulgar cuando era apenas una niña, para disipar la tensión que le provocó el divorcio de sus padres. En lo que sentía, ya de adulta, mientras ayudaba a toda esa gente desconocida como voluntaria y en como compartía su vida con ellos, mientras su novio pensaba en cómo deshacerse de su relación con ella. En su madre Magdalena que quería enseñarle a estar sola, porque ella había aprendido a estar sola. En Mallarino que por aferrarse a lo que solo existía en su mente: su Reputación, fue un gran contribuyente junto con su esposa de la vida de su hija, de su manera de estar en el mundo.