Prohibido entrar sin pantalones

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Prohibido entrar sin pantalones, la recién publicada novela de Juan Bonilla es ante todo una historia de amor y Vladímir Maiakovski es ante todo y muy en contra de su vocación de futurista: un poeta provenzal del siglo XII. Esta es una novela poblada de imágenes y sonidos intensos, furiosos y llenos de vida que van configurando para el lector un mapa vivo de la vasta obra del poeta y de todos los momentos creativos a lo largo de su vida de escritor y agitador de profesión. A lo largo de la trama que entreteje el narrador para nosotros, sus poemas van abriéndose paso en las formas de la prosa, salen de las páginas como escupitajos y puñetazos que estremecen la sensibilidad del lector. En algunas ocasiones al abrir el libro y retomar la lectura de la novela (escrita en capítulos cortos) se tiene la sensación de asistir al espectáculo irresistible de una mujer que entreabre sus piernas para insinuarnos lo vibrante de su belleza.

Como toda buena historia de amor en su desenlace se van configurando las formas de la tragedia, que en este caso tiene nombre de mujer: Lily Brik, la musa y condena del poeta Maiakovski, quizá una de las causas de su prematuro suicidio. Al someterse a los encantos irresistibles de esta mujer de vida libre, este accede a participar de una relación marital a tres bandas con el académico ruso Osip Brik (marido de Lily) que como buen provenzal y al igual que Maiakovski considera al adulterio una postura lícita cuando es alimentado por el amor y el deseo puros. Este hecho fortuito en la vida del poeta le permite escribir algunos de sus mejores poemas, entre estos La flauta de vertebras, “Tú me has robado el corazón/ me has despojado de todo/ atormentas mi alma y me haces delirar/ acepta mi regalo humillado/ soy yo mismo/ Pintad de fiesta el día de hoy/ con clavos de palabras/ me crucifico en este papel”. Ya por la página 71 acierta Burliuk (su primer lector y editor) cuando lleno de celos porque su amigo el poeta lo estaba dejando para irse a vivir con los Brik, le reclama diciendo sobre su poema: “Eso es amor cortés a lo bestia”.

Y es que la historia de amor de Lily y Vladímir está cargada de señales que delatan en muchas de sus páginas su naturaleza cortés, con solo leer su Flauta de vertebras  nos damos cuenta del total sometimiento del poeta a la voluntad y designio de su señora y ama. Ya en el primer poema que le escribe, le dice con violenta pasión: “… y si paseas por un puente y te asomas a las aguas y dices, qué bien tiene que estarse ahí abajo, seré yo quien fluya debajo de ti, yo soy el Sena que corre y te llama mostrándote mis dientes podridos, porque éste es el último amor del mundo, y en la selva brumosa del mundo, donde el viento del norte hiela las aguas, grabaré en mi cadena de perro el nombre de Lily, y besar constantemente la cadena es mi destino.” Es después de escribirle este poema a una Lily aún con reticencias a consumar una aventura con él, cuando Vladímir pasa de su etapa de suplicante a la de aceptado. Después esas imágenes de amor carnal y violento no se hacen esperar y fluyen al compás de la narración.

Prohibido entrar sin pantalones como toda buena novela es muchas cosas más, sin embargo este pequeño texto resalta al amor porque es la pasión que palpita en el corazón de Maiakovski, quizá como un motor que inyecta aceite a sus venas, el amor inyectó vida a sus textos y a su obra de futurista ruso. Es lo que logro ver en su corazón cuando se transparenta ante mis ojos al mirar las hojas de papel que me cuentan su apasionada historia.

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POR QUE FRACASAN LOS PAÍSES: POR QUÉ FRACASA COLOMBIA.

Aunque las instituciones económicas sean críticas para establecer si un país es pobre o próspero, son la política y las instituciones políticas las que determinan las instituciones económicas que tiene un país”.

 

Con esta frase que pertenece a un extracto del libro Por Qué Fracasan Los Países, los autores Daron Acemoglu, profesor de economía del MIT y James A. Robinson, politólogo, economista y profesor de la universidad de Harvard, Yale y los Andes (Colombia), sintetizan en el primer capítulo una de las ideas centrales de su ensayo. En esta obra publicada en el año 2012 se proponen dar respuesta a la ambiciosa pregunta que conforma el título. La respuesta, aparentemente, está enmarcada dentro de la llamada corriente institucional de la economía, la cual propone como tesis central que el curso y el progreso de una nación dependen exclusivamente de las instituciones que la conforman. Sin embargo, Acemoglu y Robinson van más allá. Mediante un enfoque sociológico e histórico en el marco de la economía comparativa glosan estas instituciones en dos clases básicas: Extractivas e inclusivas.

A partir de esta premisa se desarrollan las ideas derivadas consecuentemente, en donde a través de ejemplos históricos y de una manera rica y elocuente nos presentan las sustentaciones en las que se apoyan. Las instituciones inclusivas, como su nombre puede indicar, son aquellas que permiten una participación pluralista de la sociedad generando incentivos para la innovación e inversión por parte de la mayoría de ciudadanos. Mientras que las instituciones extractivas son aquellas que benefician a un grupo reducido de personas, una élite o élites, a expensas de la gran mayoría restante. De ahí nos llevan a la intricada y tajante relación entre políticas e instituciones, ya que al final son las políticas y directrices las que crean y moldean dichas instituciones, refutando de manera consistente las demás hipótesis planteadas hasta el momento de por qué fracasan los países para llegar a esta afirmación.

¿Por qué teniendo la respuesta y al parecer siendo tan obvia no se adoptan las directrices necesarias para generar prosperidad? Porque a diferencia de lo que plantea la noción comúnmente aceptada de que la políticas incorrectas la adoptan sus dirigentes por falta de información, Acemoglu y Robinson afirman que dichas políticas se toman intencionalmente en busca de un beneficio para un grupo reducido, siendo esta una tradición social reafirmada en un círculo vicioso de políticas extractivas que llevan a instituciones del mismo tipo y que data desde tiempos coloniales. Tal como expresan en el primer capítulo:

Los distintos modelos de las instituciones actuales están profundamente arraigados en el pasado, porque, una vez que una sociedad se organiza de una forma concreta, ésta tiende a persistir”.

En el caso de Colombia, descrito en el capítulo 13, estos factores no faltan en la explicación de porqué este país ha fracasado como nación, sin embargo, la respuesta no es tan clara, sumándose a esta otras variables de igual importancia o quizás  mayor.

James Robinson ha sido denominado de manera jocosa el “colombianólogo” de Harvard, dado su especial interés en el estudio de la economía y dinámica social de este país con múltiples publicaciones al respecto, siendo a su vez catedrático de la universidad de los andes. Sin embargo, su interés no es único ya que se encuentra sumado al de naciones como Haití y África Subsahariana. En el libro, expone que además de los factores mencionados anteriormente, existe un factor mucho más importante y decisivo del cual derivan los problemas principales de la nación a los cuales se les ha atribuido durante mucho tiempo la responsabilidad del sub-desarrollo que caracteriza a esta nación. Problemas como el narcotráfico, insurgencia armada y paramilitarismo.

La principal razón por la cual fracasa Colombia es la falta de centralización del estado e intervención en zonas rurales. Esta idea, es expuesta con mayor claridad en el ensayo titulado “Colombia: ¿Otros cien años de soledad?” del mismo autor.

La manera en la que Colombia es gobernada obedece a un tipo de gobierno, según Robinson, denominado como “gobierno indirecto”, el cual es bastante común en los imperios coloniales Europeos. En esta forma de gobierno, las élites políticas nacionales urbanas, delegan el funcionamiento de las áreas rurales a élites locales, generando un estado descentralizado y sembrando la semilla para el caos, ilegalidad y posterior desarrollo de la criminalidad organizada. Sin embargo, ¿cuál es el beneficio para los grupos que ostentan el poder? ¿Cuál es el motivo de mantener este tipo de gobierno? Robinson nos explica que, manteniendo el caos en la periferia el precio de los votos disminuye y los partidos políticos se eligen haciendo concesiones y pactos con las élites locales sin tener que ofrecer mejores políticas públicas o desarrollando programas óptimos.

Esta ausencia significativa del estado en las zonas rurales y su consecuente desequilibrio social fomenta el desarrollo de “repúblicas independientes” comandadas por caudillos o criminales de turno quienes a su vez hacen de estado y ley. Es así como vemos el caso de Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40) quien en las planicies de San Ángel, a orillas del río Magdalena comandaba 20 frentes armados con presencia en tres distintos departamentos o el de Luis Eduardo Zuluaga (alias MacGyver) quien como comandante del frente FJLZ, con presencia en el departamento de Antioquia, construyó cientos de kilómetros en camino y provisionó de energía eléctrica a muchas zonas rurales.

Ante todo esto, llama la atención la omisión que al respecto realiza el autor con respecto al otro lado del conflicto armado. Especialmente si analizamos el surgimiento de las guerrillas comunistas y como este fenómeno encaja en la explicación primordial de por qué fracasa Colombia: La falta de centralización del estado y su poco alcance en zonas rurales.

En la época posterior al período de enfrentación bipartidista de la década del 50 conocido como “La Violencia” aparecieron, tal como las describió Álvaro Gómez Hurtado en su momento, verdaderas “repúblicas independientes” de campesinos comunistas y liberales. Entre todas ellas, la llamada República de Marquetalia, situada en el corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, Tolima, fue la más importante. Esta zona rebelde se encontraba comandada por Pedro Antonio Marín, conocido como Manuel Marulanda Vélez (alias Tirofijo) y por Luis Alberto Morales (alias Jacobo Arenas) quienes luego del sitio de esta zona por el estado de colombiano a través de la incursión armada con 5.000 hombres del ejército nacional en el año 1964, pasarían a fundar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la insurgencia armada más antigua de América Latina. En este caso, la propuesta de Robinson aplica.

Colombia en resúmen, representa una historia compleja, muy diferente a la de sus vecinos latinoamericanos y a pesar de que mucho se ha escrito al respecto y mucho se ha teorizado, la propuesta de Robinson representa una explicación plausible y satisfactoria hasta el momento de el por qué ha fracasado. Sin embargo, es importante no desarrollar una visión reduccionista al respecto debido a que puede impedir identificar otros elementos claves igual de necesarios e importantes.

Por qué fracasan los países es una lectura fascinante y personalmente recomendada, sin embargo, considero faltó mencionar o que incluso puede llegar a ser material futuro por parte de los autores, las relaciones extractivas actuales entre países, particularmente los mal llamados tratados de libre comercio. Esperemos que prontamente estos autores exploren este tema. 

El Puño Invisible

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Era un lugar común en la vanguardia surrealista francesa condenar todos los vicios de Occidente, su filosofía utilitarista y el mercado. Su líder, André Breton fue un incansable e incorruptible defensor de la liberación del hombre; criticó visceralmente la alienación en la que lo sumergía el capitalismo y la dinámica del trabajo, que según él destruía todo su potencial creativo y artístico nato y lo alejaba de su conexión con la niñez, el mundo pulsional de los sueños y los deseos. Como Breton un sin número de jóvenes artistas, escritores y políticos de finales del siglo IX y todo el siglo XX intentaron cambiar al hombre, y materializar las más disimiles y variopintas utopías; nombres como el de Marcel Duchamp y Tristan Tzara están unidos al de Breton, el surrealismo y el dadaísmo.

En la época en la que todos estos hombres y sus ideas vivieron, los mecanismos de agitación y difusores de ideas predilectos eran el panfleto, el manifiesto y la revista, todos ellos publicados en papel. Imagino todo el proceso de meditación, concepción, escritura, edición, impresión y publicación al cual eran sometidas sus ideas para darles forma y materia. Los imagino distribuyendo todo ese material en las calles y luego esperando el efecto que este podía tener en las personas. Lo cierto, es que después de toda esa alharaca de manifiestos, quedaron muy pocas obras logradas, solo algunas ideas y modas lograron sobrevivir el paso de los años.

En su más reciente libro, titulado El puño invisible: arte, revolución y un siglo de cambios culturales, el escritor Colombiano Carlos Granés señala que los políticos y sus ideas redentoras se vinieron a pique con la caída del régimen comunista soviético, en cambio los artistas asestaron un gran golpe al lograr que muchas de sus ideas y estilos de vida, que en esa época eran transgresores, aún sigan vigentes y frescos. Solo basta echarle un vistazo a algunas tribus urbanas, movimientos o artistas contemporáneos para comprobarlo.

Sin embargo, no lograron materializar esa revolución para el hombre y su modo de vida de la forma que ellos deseaban. El capitalismo absorbió muchas de sus ideas y estereotipos incorporándolos a la publicidad y el mercado. Es interesante ver como en algunos anuncios de Apple aparecen un iPad y unas gafas de pasta rosadas, o que por ejemplo: muchos de los que usan estas gafas y otra clase de indumentaria sofisticada, además tienen un iPhone en su bolsillo, un iPod colgando del cuello y publican un Tweet inteligentemente sarcástico desde su iPad criticando al gobierno de su país, mientras escuchan una sonata de Bach.

En últimas, fueron otros individuos quienes realmente cambiaron al hombre y la forma en que este vive en el siglo que cursa. Algunos vinieron de la academia, otros pertenecieron a movimientos como el Hipismo o simplemente jóvenes universitarios con mucho tiempo libre para pensar. Hablo en particular de personajes como Tim Berners-lee, Steve Jobs o Mark Zuckerberg; el primero creó el lenguaje HTML, el segundo visionó el computador personal y el tercero inventó la red social más grande del mundo en la actualidad. Lo curioso, es que este pequeño manuscrito que acaban de leer fue escrito en una MacBook de Apple, publicado en la Web en formato HTML y compartido con ustedes por Facebook; no fue escrito en papel, la manera en la que quizá Breton, Tzara o Duchamp lo hubieran hecho.

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El hombre de Ruana y Boína

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Ambos, Álvaro Uribe Vélez y Hugo Rafael Chávez Frías encarnan el hombre descrito por el escritor escocés Thomas Carlyle como el interpretador de la historia y dictador del destino de las naciones. Solo basta echarle un vistazo a sus carreras políticas como gobernantes para confirmarlo. Sus métodos de gobierno aparentemente en las antípodas tienen un denominador común: el culto de la personalidad y el uso de su carisma como fórmula para hechizar a las masas. Ambos gobernaban por televisión con un estilo micro-gerencial: uno por medio de consejos comunales emitidos por Señal Colombia y el otro por Aló Presidente, programa que emitía Venzolana de Televisión. Uno conectado con el dolor de su pueblo, benefactor de los pobres y desdichados, populista y el otro benefactor de terratenientes, empresarios y multinacionales, demagogo. Ambos se reeligieron e intentaron perpetuarse en el poder, intentaron cambiar las reglas de la democracia y utilizaron el referendo como mecanismo para imponer una agenda que facilitara sus objetivos políticos sin la incomodidad de negociar con el parlamento en ambos países.

Su política era similar en la forma y dinámica: ambos identificaron un enemigo común sobre el cual basaron su discurso y su política interna y externa, en el caso de Uribe Vélez la guerrilla de las FARC y Chávez Frías, EE.UU y la oposición política Venezolana. Álvaro Uribe hablaba de Seguridad Democrática e Inversionista, para lo cual disminuyo los impuestos a las empresas multinacionales, incrementó el porcentaje del PIB invertido en defensa, creó un impuesto de guerra que pagaron las clases medias y desarrolló sistemáticamente una agenda para lograr cooperación militar y afinidad ideológica de otros países en la guerra contra la guerrilla. Por su parte, Hugo Chávez alentó en la población de Venezuela y de Latinoamérica un sentimiento anti EE.UU, dividió su país entre Chavistas y Escuálidos, armó a la población civil, expropió a empresarios de todo tipo, desestimulando la producción nacional de bienes de consumo y servicios e incrementó el monto del PIB invertido en subsidios para los pobres, descuidando a la clase media. Si enumerara todas las medidas tomadas por estos dos gobiernos, el de Uribe y Chávez, este pequeño artículo de opinión se volvería quejumbroso y tedioso de leer; prefiero mencionar las más significativas para mí.

Actualmente, los Colombianos y Venezolanos vivimos las consecuencias de estos dos gobiernos: uno de ocho años y otro de quince. En ambos países las clases medias sirvieron de resorte económico y con sus rentas aceitaron la agenda política de ambos mandatarios. En ambos países los compromisos que adquirieron ambos presidentes y que los llevaron a ganar en elecciones sus cargos, no se cumplieron. Uribe no derrotó militarmente a las FARC y Chávez no erradicó la Pobreza. En Colombia los índices de violencia y desigualdad son altos, la calidad de la educación en todos los niveles y la salud es desastrosa, pero la economía sigue creciendo a más del 4% desde que Uribe terminó el mandato. En Venezuela la inflación está por las nubes, hay desabastecimiento de alimentos y productos de uso cotidiano, corrupción, inseguridad y violencia en las calles. Fuimos dirigidos por el hombre de Ruana y Boína, por ese engendro que tanto admiró en abstracto Thomas Carlyle, pero que gobernó en concreto a Colombia y Venezuela.

Las Democracias Latinoamericanas son defectuosas y no son pocos los intelectuales Estadounidenses y Europeos que las consideran primitivas y fallidas, sin embargo es tarea de nosotros los votantes discernir entre líderes demócratas racionales y eficientes y caudillos irracionales e ineficientes; es nuestra la tarea de construir mejores sociedades en las que la tolerancia por las ideas opuestas a las nuestras (en el sentido que daba a esta palabra Karl Popper), la construcción gradual de las Instituciones y no la destrucción y reconstrucción sobre los escombros (revolución), sea el único garante del Progreso y Convivencia.

POR QUE FRACASAN LOS PAÍSES: POR QUÉ FRACASA COLOMBIA.

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Aunque las instituciones económicas sean críticas para establecer si un país es pobre o próspero, son la política y las instituciones políticas las que determinan las instituciones económicas que tiene un país”.

Con esta frase que pertenece a un extracto del libro Por Qué Fracasan Los Países, los autores Daron Acemoglu, profesor de economía del MIT y James A. Robinson, politólogo, economista y profesor de la universidad de Harvard, Yale y los Andes (Colombia), sintetizan en el primer capítulo una de las ideas centrales de su ensayo. En esta obra publicada en el año 2012 se proponen dar respuesta a la ambiciosa pregunta que conforma el título. La respuesta, aparentemente, está enmarcada dentro de la llamada corriente institucional de la economía, la cual propone como tesis central que el curso y el progreso de una nación dependen exclusivamente de las instituciones que la conforman. Sin embargo, Acemoglu y Robinson van más allá. Mediante un enfoque sociológico e histórico en el marco de la economía comparativa glosan estas instituciones en dos clases básicas: Extractivas e inclusivas.

A partir de esta premisa se desarrollan las ideas derivadas consecuentemente, en donde a través de ejemplos históricos y de una manera rica y elocuente nos presentan las sustentaciones en las que se apoyan. Las instituciones inclusivas, como su nombre puede indicar, son aquellas que permiten una participación pluralista de la sociedad generando incentivos para la innovación e inversión por parte de la mayoría de ciudadanos. Mientras que las instituciones extractivas son aquellas que benefician a un grupo reducido de personas, una élite o élites, a expensas de la gran mayoría restante. De ahí nos llevan a la intricada y tajante relación entre políticas e instituciones, ya que al final son las políticas y directrices las que crean y moldean dichas instituciones, refutando de manera consistente las demás hipótesis planteadas hasta el momento de por qué fracasan los países para llegar a esta afirmación.

¿Por qué teniendo la respuesta y al parecer siendo tan obvia no se adoptan las directrices necesarias para generar prosperidad? Porque a diferencia de lo que plantea la noción comúnmente aceptada de que la políticas incorrectas la adoptan sus dirigentes por falta de información, Acemoglu y Robinson afirman que dichas políticas se toman intencionalmente en busca de un beneficio para un grupo reducido, siendo esta una tradición social reafirmada en un círculo vicioso de políticas extractivas que llevan a instituciones del mismo tipo y que data desde tiempos coloniales. Tal como expresan en el primer capítulo:

Los distintos modelos de las instituciones actuales están profundamente arraigados en el pasado, porque, una vez que una sociedad se organiza de una forma concreta, ésta tiende a persistir”.

En el caso de Colombia, descrito en el capítulo 13, estos factores no faltan en la explicación de porqué este país ha fracasado como nación, sin embargo, la respuesta no es tan clara, sumándose a esta otras variables de igual importancia o quizás  mayor.

James Robinson ha sido denominado de manera jocosa el “colombianólogo” de Harvard, dado su especial interés en el estudio de la economía y dinámica social de este país con múltiples publicaciones al respecto, siendo a su vez catedrático de la universidad de los andes. Sin embargo, su interés no es único ya que se encuentra sumado al de naciones como Haití y África Subsahariana. En el libro, expone que además de los factores mencionados anteriormente, existe un factor mucho más importante y decisivo del cual derivan los problemas principales de la nación a los cuales se les ha atribuido durante mucho tiempo la responsabilidad del sub-desarrollo que caracteriza a esta nación. Problemas como el narcotráfico, insurgencia armada y paramilitarismo.

La principal razón por la cual fracasa Colombia es la falta de centralización del estado e intervención en zonas rurales. Esta idea, es expuesta con mayor claridad en el ensayo titulado “Colombia: ¿Otros cien años de soledad?” del mismo autor.

La manera en la que Colombia es gobernada obedece a un tipo de gobierno, según Robinson, denominado como “gobierno indirecto”, el cual es bastante común en los imperios coloniales Europeos. En esta forma de gobierno, las élites políticas nacionales urbanas, delegan el funcionamiento de las áreas rurales a élites locales, generando un estado descentralizado y sembrando la semilla para el caos, ilegalidad y posterior desarrollo de la criminalidad organizada. Sin embargo, ¿cuál es el beneficio para los grupos que ostentan el poder? ¿Cuál es el motivo de mantener este tipo de gobierno? Robinson nos explica que, manteniendo el caos en la periferia el precio de los votos disminuye y los partidos políticos se eligen haciendo concesiones y pactos con las élites locales sin tener que ofrecer mejores políticas públicas o desarrollando programas óptimos.

Esta ausencia significativa del estado en las zonas rurales y su consecuente desequilibrio social fomenta el desarrollo de “Repúblicas Independientes” comandadas por caudillos o criminales de turno quienes a su vez hacen de Estado y Ley. Es así como vemos el caso de Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40) quien en las planicies de San Ángel, a orillas del río Magdalena comandaba 20 frentes armados con presencia en tres distintos departamentos o el de Luis Eduardo Zuluaga (alias MacGyver) quien como comandante del frente FJLZ, con presencia en el departamento de Antioquia, construyó cientos de kilómetros en camino y provisionó de energía eléctrica a muchas zonas rurales.

Ante todo esto, llama la atención la omisión que al respecto realiza el autor con respecto al otro lado del conflicto armado. Especialmente si analizamos el surgimiento de las guerrillas comunistas y como este fenómeno encaja en la explicación primordial de por qué fracasa Colombia: La falta de centralización del estado y su poco alcance en zonas rurales.

En la época posterior al período de enfrentación bipartidista de la década del 50 conocido como “La Violencia” aparecieron, tal como las describió Álvaro Gómez Hurtado en su momento, verdaderas “repúblicas independientes” de campesinos comunistas y liberales. Entre todas ellas, la llamada República de Marquetalia, situada en el corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, Tolima, fue la más importante. Esta zona rebelde se encontraba comandada por Pedro Antonio Marín, conocido como Manuel Marulanda Vélez (alias Tirofijo) y por Luis Alberto Morales (alias Jacobo Arenas) quienes luego del sitio de esta zona por el estado de colombiano a través de la incursión armada con 5.000 hombres del ejército nacional en el año 1964, pasarían a fundar las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la insurgencia armada más antigua de América Latina. En este caso, la propuesta de Robinson aplica.

Colombia en resúmen, representa una historia compleja, muy diferente a la de sus vecinos latinoamericanos y a pesar de que mucho se ha escrito al respecto y mucho se ha teorizado, la propuesta de Robinson representa una explicación plausible y satisfactoria hasta el momento de el por qué ha fracasado. Sin embargo, es importante no desarrollar una visión reduccionista al respecto debido a que puede impedir identificar otros elementos claves igual de necesarios e importantes.

Por qué fracasan los países es una lectura fascinante y personalmente recomendada, sin embargo, considero faltó mencionar o que incluso puede llegar a ser material futuro por parte de los autores, las relaciones extractivas actuales entre países, particularmente los mal llamados tratados de libre comercio. Esperemos que prontamente estos autores exploren este tema. 

Las Reputaciones

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La conversación entre el escritor Juan Gabriel Vásquez y Felipe Restrepo Pombo, ambos oriundos de Bogotá e invitados de la versión 2014 del Hay Festival en Cartagena, terminó alrededor de las 6:35 de la noche del Jueves 30 de Enero de este año. El autor de “Las Reputaciones”, una novela de 127 páginas sobre lo que sucede en dos días de la vida de un caricaturista político llamado Javier Mallarino, habló de sus obsesiones como escritor y de su gusto por la tragedia y el fracaso del individuo como tema literario.

Al final del conversatorio, el escritor leyó para nosotros un fragmento de su novela: ese que nos muestra que la soledad es una forma de estar en el mundo, que los eventos del pasado y la manera en que los recordamos van construyendo nuestro presente y determinan lo que la vida nos deparará en lo venidero. Finalizó con una descripción de las circunstancias en las que se suicidó el caricaturista Colombiano Ricardo Rendón, el cual fue celebre por sus duras críticas al ejercicio del poder en en la primera mitad del siglo XX. Este suceso histórico lo intriga desde sus años de universidad y fue motivo de la escritura de esta novela.

Hay algo en “Las Reputaciones” que la convierte en una luz tenue que ilumina apenas, un aspecto volátil de la vida, algo que la hace monstruosa y difícil: nos muestra que poco podemos hacer para controlar lo que nos pasa. Que no somos capaces siquiera de identificar esos instantes de la vida que van moldeando lo que somos y que nos ponen en situaciones en las que tenemos que tomar decisiones trascendentales; no podemos encerrarlos en un círculo como hacía Mallarino con los temas sobre los que iba a dibujar sus caricaturas de opinión.

Aún sigo pensando en Beatriz, la hija médico de Mallarino. En su sufrimiento, en su instante: explotaba burbujitas de plástico entre su índice y su pulgar cuando era apenas una niña, para disipar la tensión que le provocó el divorcio de sus padres. En lo que sentía, ya de adulta, mientras ayudaba a toda esa gente desconocida como voluntaria y en como compartía su vida con ellos, mientras su novio pensaba en cómo deshacerse de su relación con ella. En su madre Magdalena que quería enseñarle a estar sola, porque ella había aprendido a estar sola. En Mallarino que por aferrarse a lo que solo existía en su mente: su Reputación, fue un gran contribuyente junto con su esposa de la vida de su hija, de su manera de estar en el mundo.