Prohibido entrar sin pantalones

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Prohibido entrar sin pantalones, la recién publicada novela de Juan Bonilla es ante todo una historia de amor y Vladímir Maiakovski es ante todo y muy en contra de su vocación de futurista: un poeta provenzal del siglo XII. Esta es una novela poblada de imágenes y sonidos intensos, furiosos y llenos de vida que van configurando para el lector un mapa vivo de la vasta obra del poeta y de todos los momentos creativos a lo largo de su vida de escritor y agitador de profesión. A lo largo de la trama que entreteje el narrador para nosotros, sus poemas van abriéndose paso en las formas de la prosa, salen de las páginas como escupitajos y puñetazos que estremecen la sensibilidad del lector. En algunas ocasiones al abrir el libro y retomar la lectura de la novela (escrita en capítulos cortos) se tiene la sensación de asistir al espectáculo irresistible de una mujer que entreabre sus piernas para insinuarnos lo vibrante de su belleza.

Como toda buena historia de amor en su desenlace se van configurando las formas de la tragedia, que en este caso tiene nombre de mujer: Lily Brik, la musa y condena del poeta Maiakovski, quizá una de las causas de su prematuro suicidio. Al someterse a los encantos irresistibles de esta mujer de vida libre, este accede a participar de una relación marital a tres bandas con el académico ruso Osip Brik (marido de Lily) que como buen provenzal y al igual que Maiakovski considera al adulterio una postura lícita cuando es alimentado por el amor y el deseo puros. Este hecho fortuito en la vida del poeta le permite escribir algunos de sus mejores poemas, entre estos La flauta de vertebras, “Tú me has robado el corazón/ me has despojado de todo/ atormentas mi alma y me haces delirar/ acepta mi regalo humillado/ soy yo mismo/ Pintad de fiesta el día de hoy/ con clavos de palabras/ me crucifico en este papel”. Ya por la página 71 acierta Burliuk (su primer lector y editor) cuando lleno de celos porque su amigo el poeta lo estaba dejando para irse a vivir con los Brik, le reclama diciendo sobre su poema: “Eso es amor cortés a lo bestia”.

Y es que la historia de amor de Lily y Vladímir está cargada de señales que delatan en muchas de sus páginas su naturaleza cortés, con solo leer su Flauta de vertebras  nos damos cuenta del total sometimiento del poeta a la voluntad y designio de su señora y ama. Ya en el primer poema que le escribe, le dice con violenta pasión: “… y si paseas por un puente y te asomas a las aguas y dices, qué bien tiene que estarse ahí abajo, seré yo quien fluya debajo de ti, yo soy el Sena que corre y te llama mostrándote mis dientes podridos, porque éste es el último amor del mundo, y en la selva brumosa del mundo, donde el viento del norte hiela las aguas, grabaré en mi cadena de perro el nombre de Lily, y besar constantemente la cadena es mi destino.” Es después de escribirle este poema a una Lily aún con reticencias a consumar una aventura con él, cuando Vladímir pasa de su etapa de suplicante a la de aceptado. Después esas imágenes de amor carnal y violento no se hacen esperar y fluyen al compás de la narración.

Prohibido entrar sin pantalones como toda buena novela es muchas cosas más, sin embargo este pequeño texto resalta al amor porque es la pasión que palpita en el corazón de Maiakovski, quizá como un motor que inyecta aceite a sus venas, el amor inyectó vida a sus textos y a su obra de futurista ruso. Es lo que logro ver en su corazón cuando se transparenta ante mis ojos al mirar las hojas de papel que me cuentan su apasionada historia.

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