Desigualdad: ¿Fracaso del neoliberalismo?

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En el mes de abril pasado, Medellín fue sede del VII Foro Urbano Mundial, la principal conferencia en donde se discuten los retos que las ciudades y centros urbanos afrontan con la modernidad. Entre los conferencistas invitados, era la charla del economista Joseph Stiglitz, premio Nobel del año 2001 la más esperada, su tema, la inequidad. Resulta curioso e incluso paradójico, que días previos se conoció la posición y resultado de Colombia en el coeficiente Gini (nombrado por el economista italiano que lo propuso), el cual es una medida de dispersión estadística que representa la distribución de los ingresos y de manera indirecta los niveles de desigualdad de las naciones. Al igual que en años previos, Colombia presentó una posición desfavorable, el tercer más desigual, siendo superado en esta ocasión, entre 129 países, únicamente por Haití y Angola.

La desigualdad puede referirse tanto a la desigualdad de los ingresos en los diferentes estratos sociales, así como a la distribución de la riqueza, sin embargo, todo se reduce a la desigualdad social. Es importante este aspecto macroeconómico ya que no solamente se restringe al aspecto monetario, sino que afecta cada pequeño aspecto de la vida social del individuo. Acorde a Richard Wilkinson, economista y epidemiólogo social de la Universidad de Nottingham y del University College de Londres, en su libro “El impacto de la inequidad: Como hacer las sociedades más sanas” plantea que la desigualdad genera un impacto significativo en los once problemas sociales y de salud pública principales, entre los que se incluyen el grado de criminalidad, embarazo adolescente, drogas, educación e incluso la obesidad. Así mismo, Stiglitz, en su libro “El precio de la desigualdad” postula que las consecuencias son devastadoras, entre las que se incluyen La Gran Recesión del 2008. En este explica que ante los niveles elevados de desigualdad, es decir, la concentración de riqueza en los estratos más altos, se disminuye la capacidad adquisitiva del ciudadano promedio, por ende la demanda agregada total y como consecuencia hay aumento del desempleo. La manera de remediar esto nos lleva al eterno debate económico iniciado por Hayek y Keynes: Intervención o no intervención estatal. Según Stiglitz, como respetable neokeynesiano, lo ideal es incentivar el gasto público, sin embargo, previo a la recesión, se optó por el aspecto privado, La Reserva Federal disminuyó los tipos de interés a los bancos así como el préstamo de dinero a estos con el fin de que este dinero fuera direccionado a las familias a manera de crédito. Esto no ayudó, simplemente generó la burbuja inmobiliaria responsable de la crisis y contribuyó a un crecimiento basado en la deuda, que a su vez generó mayor desigualdad. Para Stiglitz es todo un círculo vicioso.

¿A qué se debe la concentración de riqueza en los niveles más altos de la sociedad? La tendencia económica actual y predominante de los últimos años, correspondiente a la liberalización de los mercados y mínima regulación, establece que la desigualdad es una consecuencia natural del crecimiento económico, la cual con el tiempo, acorde a Kuznets, se igualará siempre y cuando este crecimiento continúe. La desigualdad en esta corriente, se debe a las nuevas tecnologías que desplazan puestos de trabajo menor cualificados (¿destrucción creativa?) y a la globalización.
En palabras de Navarro, economista y catedrático de políticas públicas en la Johns Hopkins University, la previa explicación se queda corta en su búsqueda de las causas de la desigualdad, al considerar que el desplazamiento de puestos de trabajo menor cualificados es algo que ha existido desde el inicio del trabajo asalariado, ha sido una constante en el diseño de este y actualmente afecta a los trabajos de alta cualificación. De hecho, este economista plantea que no existe evidencia de que las nuevas tecnologías desplazan más a los trabajos de menor cualificación con respecto a los de mayor cualificación. Stiglitz y Navarro dan una respuesta simple al crecimiento de las desigualdades: Política.

Como sacado de una teoría conspirativa, probablemente tomada así si no la postularan economistas respetados mundialmente, nos dicen que la desigualdad y la crisis económica se debe a decisiones deliberadas por unos cuantos que ostentan el poder económico y que con su influencia minan la democracia colocándola en crisis. Thomas Piketty, economista francés profesor de la escuela económica de París, en su libro “El capital en el siglo XXI”, afirma que el período inmediatamente posterior a la revolución conservadora liderada por Thatcher y Reagan e influida principalmente por el economista Milton Friedman y que se extiende hasta la época actual, presenta el mayor grado de desigualdad observado hasta el momento, únicamente comparado con el período de final del siglo XIX. Para hacer estas afirmaciones, Pikkety ha estudió tanto las rentas como el patrimonio en el periodo de tiempo más conocido hasta ahora. Sus datos analizan el periodo desde la independencia de Estados Unidos hasta la actualidad y desde la Revolución Francesa hasta ahora para Francia, así como a para Japón, Canadá, Alemania y otros países en intervalos de tiempo igual de comparables. No es sorpresa que Stiglitz afirme que los niveles de desigualdad han aumentado estratosféricamente en un período de 20 años. El inicio de ambos períodos concuerdan con la política de rebajas fiscales liderada por las dos figuras mencionadas.

Piketty afirma, mediante un análisis estadístico exhaustivo, que la afirmación de Kuznets es falsa, así como otros axiomas económicos neoclásicos, entre los que se incluyen la premonición de Marx con respecto a la caída del capitalismo, basada en la teoría de los rendimientos decrecientes de David Ricardo, o la noción básica de que la renta se iguala con el tiempo al crecimiento. De hecho, Piketty encuentra en su análisis que el aumento de la renta sobrepasa con creces al crecimiento y que esto genera desigualdad marcada, la cual ha sido una constante que solo encuentra su excepción en el período comprendido entre 1950 y 1970, inmediatamente posterior a la segunda guerra mundial en donde se implementaron medidas tributarias progresivas con un reforzamiento en la seguridad social como continuación de las políticas iniciadas por Roosevelt durante el primer y segundo New Deal.

Al aumentar las rentas en proporción mayor que el crecimiento, se mitiga el efecto distributivo de este último concentrando los patrimonios mucho más rápido y antes de que exista tal distribución. ¿Qué se puede hacer para cambiar esto? Tanto Stiglitz como Piketty proponen tributación progresiva, aumentando la carga impositiva sobre el capital a aquellos que se encuentran en el 10 y 1% superior, así como impuestos sobre el patrimonio heredado que amortigüe la acumulación de capital patrimonial. Recordemos que exactamente lo opuesto se hizo durante el período de Clinton y Bush.

Ante todo esto, los países poco a poco van generando conciencia con respecto a la importancia de la desigualdad en el crecimiento de las naciones, principalmente de la sociedad y reconocen que el crecimiento económico a expensas de graves problemas sociales y sobre todo del impacto ambiental no es justificable. De hecho, actualmente se consideran otros parámetros aparte del Producto Interno Bruto como medida de la salud económica de una nación, y se cree más beneficioso el crecimiento sostenido y no solamente el crecimiento. Tal como expresó Dominique Strauss-Kahn cuando era director del Fondo Monetario Internacional: “Los períodos de crecimiento más prolongados están sólidamente asociados con una mayor igualdad en el reparto de los ingresos […] Una menor desigualdad y un crecimiento sostenido pueden ser las dos caras de una misma moneda”.

En Chile, uno de los países con mayor desigualdad de Latinoamérica, cuyo crecimiento económico ha sido vanagloriado como ejemplo de las políticas neoliberales implementadas por Friedman y sus “Chicago Boys”, se ha reconocido que la desigualdad juega un papel importante en el desarrollo y crecimiento de un país, tanto así que la actual reforma tributaria de este país, en trámite actualmente, está fuertemente influenciada por los trabajos de Piketty. En Colombia, con la reforma tributaria del 2012, se creó el impuesto a la equidad “CREE” el cual busca (al menos en papel) reducir los niveles de desigualdad al disminuir ocho puntos porcentuales a los declarantes de renta y añadiendo nueve puntos como el impuesto ya mencionado, el cual estará destinado a causas sociales como el ICBF, Sena, seguridad social, instituciones de educación pública e inversión agropecuaria entre otros. Si este impuesto cumplirá su cometido, es algo que tocará esperar a ver, sobre todo si se tiene en cuenta que para su implementación se eliminaron varios parafiscales, sin embargo, es importante mencionar que dichatributación busca gravar las rentas susceptibles de generar utilidades y no a las nóminas, por lo que se incluyen empresas dependientes en gran manera de la industria como la minería así como las empresas financieras mientras que al mismo tiempo se exoneran las empresas cuya nómina se compone en mayor parte de empleados que ganan menos de 10 SMLV con lo que se busca crear emprendimiento y por ende empleo.

Surgen controversias con respecto a este tema: Es importante definir a futuro si una menor desigualdad nos llevará a un mejor nivel de vida, para lo cual debemos de definir cuál de los dos males es menor, ¿desigualdad o inflación? Ambos disminuyen el poder adquisitivo y por ende la demanda agregada. Ante esto las preguntas a formular serían: ¿Es mejor que se ahoguen todos o solo la mayoría? ¿Qué tan conveniente es la intervención estatal o hasta qué grado es deseable? Es decir, ¿el costo de disminuir los niveles de desigualdad mediante reformas distributivas vale la pena ante una potencial pérdida de libertad individual? ¿Corresponde el sistema actual a un sistema extractivo?¿El capitalismo ha fracasado? ¿Qué tanto nivel de desigualdad es deseable? ¿Qué tan fidedigno es el coeficiente Gini? ¿La postura de Wilkinson entra en calificación de historicista? Y más importante aún, ante la concientización de la clase media y el desarrollo de movimientos como el de Los Indignados en España y Occupy Wall Street en Estados Unidos con la consigna, tomada tanto de Stiglitz como de Piketty, “Somos el 99%” ¿revive la lucha de clases descrita por Marx? Todos estos son interrogantes a tener en cuenta antes de formarse una opinión al respecto.

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